Vivimos un gran cambio de época y civilización, incubado en el siglo próximo pasado y ahora en nuestro siglo XXI en pleno apogeo, donde la expresión más alta de este gran cambio la patentiza el calamitoso decantamiento del modelo individualista o sistema societario capitalista. Los mismos resortes que le impulsaron y llevaron a su fase imperialista, son ahora sus obstáculos formidables. El capitalismo camina hacia su fin. Su violenta resistencia no hace más que agudizarlo, pretendiendo arrastrar a toda la humanidad en su caída. Es la barbarie más irracional de los parásitos egoistas. Parecen jugarse “el todo o nada”.
Ante esta amenaza real, las poderosas reservas morales y espirituales, vigentes en aquellas experiencias modernas y milenarias, se revelan como “la revolución de las sociedades solidarias”. La actual crísis financiera mundial, desatada en la cima misma del edificio capitalista, Estados Unidos, ha allanado efectivamente el advenimiento de las Sociedades Solidarias, en una nueva dimensión global o sistémica de los procesos revolucionarios de transferencia de riquezas: Ahora se trata del traspaso de sociedades cerradas a sociedades abiertas; es decir, una auténtica democratización y cooperativización de las riquezas. Tales procesos estructurales se afianzan en el extraordinario avance de las tecnologías de la información y la comunicación que hacen posible romper muros y monopolios, propiciando nuevos principios de producción de bienes y servicios como el de GANA/GANA. En las sociedades solidarias esto significa: ganas tú, gano yo; ganamos todos; a diferencia de la competencia salvaje de las sociedades egoístas donde el principio es GANA/PIERDE, expresión de la oprobiosa “ley del más fuerte”. Congruentemente, cooperativizar o democratizar las riquezas es la más justa retribución a todos los que participan en la producción de bienes y servicios. Si todos trabajan todos se benefician, conforme a la justicia distributiva de la riqueza.
Ante esta amenaza real, las poderosas reservas morales y espirituales, vigentes en aquellas experiencias modernas y milenarias, se revelan como “la revolución de las sociedades solidarias”. La actual crísis financiera mundial, desatada en la cima misma del edificio capitalista, Estados Unidos, ha allanado efectivamente el advenimiento de las Sociedades Solidarias, en una nueva dimensión global o sistémica de los procesos revolucionarios de transferencia de riquezas: Ahora se trata del traspaso de sociedades cerradas a sociedades abiertas; es decir, una auténtica democratización y cooperativización de las riquezas. Tales procesos estructurales se afianzan en el extraordinario avance de las tecnologías de la información y la comunicación que hacen posible romper muros y monopolios, propiciando nuevos principios de producción de bienes y servicios como el de GANA/GANA. En las sociedades solidarias esto significa: ganas tú, gano yo; ganamos todos; a diferencia de la competencia salvaje de las sociedades egoístas donde el principio es GANA/PIERDE, expresión de la oprobiosa “ley del más fuerte”. Congruentemente, cooperativizar o democratizar las riquezas es la más justa retribución a todos los que participan en la producción de bienes y servicios. Si todos trabajan todos se benefician, conforme a la justicia distributiva de la riqueza.
No hay comentarios:
Publicar un comentario